Nuevamente apareces tú
luna tentadora,
con tus cantos de pelíkano
con tu crónica enfermedad.
¡Ya lo sé!
Deseas confiarme tus secretos,
aventuras, picardías.
Tal vez a la mañana siguiente
ni te acuerdes de mí
y vayas a conquistar nuevos mundos.
Aquellas Indias de Colón,
aquel Ganímedes de Júpiter.
Gracias...
por concederme estos minutos profundos.
Mi mejor regalo constituye,
tu barro blanco que retumba
en los cuatro costados de la tierra.
Aquel pedazo en el Universo,
que para ti no es más
que una hojarasca en otoño,
que un aluvión en invierno.
Necesitaba limpiarme de varias dudas.
Deseaba interrogarte.
Ya sé que interceptarás
por el Habeas Corpus pero gastarás en vano
la cinta de tu máquina de escribir.
Te considerarán desquiciada,
creerán que eres de otro planeta.
¿Acaso no lo eres?
Y, lo peor de todo,
considerarán que tus actos nocturnos
son subversivos.
Con estos antecedentes te condenarán,
como a una vil individua,
como a una mísera criminal.
Mientras que tú observarás con indignación,
a depredadores de querubines,
a dinosaurios de tapete en pecho,
riendo a tu costa, burlando por tu destino,
haciendo mofa de tu tez blanca
incinerada por la brutalidad
de tu circundante cuerpo torturado.
¿Sabes....?
las huellas quedarán latente
Mejor, huye,
conduce la ruta desafiante
de aquel itinerario
comprobado por Magallanes
y recordado, por ti ¡Amiga Luna!
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