Segunda estación

Allá voy hermanas
ya nada puede detenerme
el cuerpo ha iniciado su viaje vertical en el abismo.

Me adentro ya en la bóveda interminable
hagan un espacio para mí
en la fosa común de las suicidas
acójanme con sus vivos brazos
muertos con sus manos
largas de tanto buscar al hombre inasible.

¡Muero del mismo mal!
Adornen sus cabezas momificadas
con las flores de la noche
Con el perfume de las grietas
y con la niebla de los cementerios
pónganse el velo de las novias ciegas.

Y al unísono
Canten la melodía triste
del antiguo amor para mí.

-La Fiebre de las Novias
es una enfermedad más larga
que los siglos y que los milenios--

¡Muero del mismo mal!
Ofelia, Alfonsina, Violeta, Marilyn,
espérenme.

No caminen tan rápido.
Espérenme.
Ya acabo de irme.
Ya acabo de llegar.

La soga ya pende y se mece en la viga.
El láudano ya me droga compasivo.
Mis pupilas ya se dilatan alucinadas
¡Muero del mismo mal!

El vidrio molido ya viaja
 rasgando mis conductos
Piedras preciosas
Filos de estrellas

Tómense el músculo de los sentimientos
Abran sus diques en las muñecas
Que jamás pudieron apretar
su alma en el brazo verdadero.

Estoy cansada de las ilusiones
Me traspasa el filo de los espejismos
¡Muero del mismo mal!

La mujer que te amaba se suicidó,
de ahora en adelante, en esta imagen,
hallarás a una desconocida
una desconocida y nada más.