Pedrada o demonio (críticos y galerías)

En la confrontación entre la obra de arte y el público, existen implicaciones de tipo mediato, elementos internos correspondientes al espectador y externos, relacionados a las formas de apreciación adquiridas.

Es en el vertedero de datos falsos, de vicios de concepción sobre nuestra historia y educación en general, donde el hombre común de nuestra sociedad empieza a desvirtuar su desarrollo cultural y a encaminar su comprensión del mundo hacia los objetivos planteados por los grupos de poder.

Esta tendencia a desvirtuar los principios de formación, que de alguna manera ligaron al ser humano con su medio y naturaleza, el afán de mimetízarse en las formas de aculturamiento impuestas por el imperio, caracterizan a los sectores más desinformados, haciéndoles susceptibles de deformaciones, captables para cualquier experimento: político, de intervención de mercado (elecciones), aventurerismos teóricos, manejo y manipulación de informaciones, etc. etc.

Son entonces, las desviaciones y los vicios, establecidos como normas de educación las que se reproducen con lenguajes renovados, según la conveniencia del mercado y sus implicaciones, son las que arman la prepotencia al comentarista que pretende penetrar y develar el carácter y espíritu del artista, trasmitiendo al espectador, de suyo, una falsedad basada en la concepción de una falsedad logrando unir dos productos típicos procesados por la decadencia de la sociedad. El lenguaje utilizado en la fabricación de argumentos, que garanticen bondades falsas, que viene traduciéndose en esquemas más o menos desgastados y maniqueistas que no hablan sino en favor de la incapacidad de investigación sobre las verdaderas motivaciones individuales o colectivas, emotivas, volutivas o científicas, sociales, políticas o económicas que llevan al creador a cuestionar el medio, a medirle las costuras a épocas y sistemas, o simplemente decorar paredes con flores, desnudos o abstracciones que no corresponden o corresponden a nada, que no sea el alimento al ego individualista de los con vivientes de las Galerías.

Términos como cosmografía, etéreo, magia y más, vienen enlatados para consumo de televidentes o para intercalar decorativamente en frases huecas de contenido que aparentemente imposibilitan el acceso al hombre común. El comentarista no preparado para llegar a la obra de arte, simplemente se enfunda en la palabra "CRITICO "(?) para desde este sitio de acceso a los medios de comunicación formar su pinacoteca personal a cambio de los favores mesalínicos del pensador oficial y oficialista.

Paro, realmente ¿qué significado tiene el uso de estos términos en la descripción geográfica de la obra de arte? es la de desvincular al artista de toda responsabilidad con su medio, llevarlo hasta el círculo de tiza, dentro del cual ha de manejarse mágicamente, etéreamente, en una cosmovisión creada artificiosamente desde cielos ficticios sin explotación, sin represión ni dependencia económica; aquí en este mundo, puede desplegar su "libertad" sin cortapizas, pues todo mal es inmanente al carácter despabilado del creador, menos claro está, su intromisión en la crítica social.

Así, la concepción de lo universal, pierde su significado real, es decir, no se trata de aceptar todo lo extranjero, por complicado o ininteligible que parezca, como pautas de desarrollo, sino, llegara tener aceptación fuera por un reconocimiento de calidad y claridad en los planteamientos de identidad y personalidad, que desgraciadamente hoy por hoy, carecemos precisamente por una falta de creatividad que nos ha atado a los catálogos norteamericanos o europeos, dándonos como resultado hibrideces incoloras, insaboras correspondientes a realidades y etapas históricas absolutamente ajenas a nuestra realidad y a nuestro proceso histórico.

En medio de este maremagnum de deformaciones, la preparación del creador viene siendo una suerte de coctel de elementos tratados, elaborados y entregados en dosis letales con el que matarán al homo sapiens para dedicarse a alimentar a monstruos creados a imagen y semejanza del sistema. Estos seres deformados en voceros criollos del imperio, a su vez, responderán a su educación comprando y vendiéndose según las reglas del libre mercado.

II

Aquí, la presencia de las Galerías de Arte (centros comerciales), no se puede definir desde el simplista sitio de poder decir las cosas, por tener acceso a los medios, no se puede pretender que el dueño de Galería viva de su trabajo so pena de hacerlo como el común de los seres, víctimas del sistema, si cuentan con los medios, si son parte de esos medios para determinar una larga tendencia que satisfaga sus necesidades de mercado, la elevan a categoría de oficial; igualmente, esa tendencia, de hecho, llena las aspiraciones intervencionistas del círculo que ocupa el solio gobiernista, logrando con esto, imponer también en el arte su criterio de clase sobre los sectores dominados.

El desarrollo de las formas de nuestra cultura, es así manoseada también desde las galerías que en realidad se convierten en centros de desarrollo de mercado donde dirimirán sus enconos individuales, los representantes de esta libertad "democrática". mientras los intereses colectivos del pueblo, quedan archivados bajo el cuento patriotero de valores nacionales, mientras se entregan descaradamente los recursos naturales tras la cortina de humo que no permite develar el carácter de patria alternativa que le dieron a Miami, donde se desarrolla lo explotado; cuál es entonces la patria del usurero cantador de himnos, fabricante de promesas, cobrador de sueldos a cambio de demostrar diariamente la bastardía de nuestro origen y cuál la patria del obrero y el campesino que entregan sus vidas diariamente a cambio de morir un poco también diariamente, creando los medios que derrochará su burgués en el gran mercado donde un país tercermundista tiene el mismo precio de un misil o unos cuantos kilos de cocaína.

Mientras nuestro pueblo admira boquiabierto, escucha con deleite o lleva el ritmo del bailarín con sus pies casi descalzos, incapaz de saber que lo que recibe no siempre servirá para educara sus hijos, mientras el campesino desconoce la existencia de las comunicaciones vía satélite, nuestro comentarista (crítico), se devana los sesos arguyendo onánicamente sus delicias entre tragos y cohechos, estatuyendo voluntariamente con éste su trabajo, nuevas (viejas) formas de dominio, aculturamiento e, históricamente, la desdicha de nuestro pueblo.