
La revista llevaba también, desde su primer número, una hoja volante de colores para infantes, llamada “La Cometa”, un celofán que voló en las bibliotecas de cuantos padres llevaron a casa la revista, para que los niños la disfruten y vuelen con su real imaginación.
Su función primordial fue dar a los niños el colorido de la verdad, la posibilidad de mirar sin tamices de engaño el mundo. Las Cometas nacen para proteger los lápices de colores de los uniformes grises y de quienes mataban aves y mariposas del campo con fusiles y escopetas.
La cometa invitó a las criaturas a salir al juego de los trompos y billusos y no pasar el día sentado viendo la pantalla de la televisión. La Cometa les contó sobre los tres califas, triunviratos de maldad, cuya ansia de engullirlo todo, hizo que la gente los expulsara del país. Les hizo conocer al cobarde Push que la noche de navidad mató a los habitantes del istmo de Panamá, y les contó también cómo unos señoritos adinerados se robaron el nombre de La Cometa para su periódico nuevaolero: el periódico “Hoy”.
La Cometa,
después, obligatoriamente, se mudó de patronímico en La Cometa Zurda
para mostrar su verdadero signo y no ser confundida.
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