Añagaza O los Gobernantes

Echa mantas sobre Manta
la infame ofuscación
de fifiriches y petimetres
arrogados de ínfulas fascistoides.

Infames sus infaustos pensamientos,
infames e infaustas sus lujurias,
infestos los sueños que los acongoja
triste horror su pasado revolucionario.

Con ese puñal exhausto de vivir sin
gloria,
con esa servil sonrisa ante el infame,
exhaustos de ver morir sin anatema,
exhaustos de haber bebido lo exquisito,
más que extremadamente exhaustos de
hacer sufrir
han tirado la manta y hiede su pútrido corazón.

Han traído duelos a manta de Dios
los vesánicos perversos del sofisma
demócrata,
triquiñual traición a su propia
ilusa idea,
pudibundo subsistir de sudario
encendidos de dolor,
a los amanecidos con la tierra y el
cristal     de su trabajo.

La manta de la muerte pesa sobre Manta
tecnificados albañales la inunda,
sus niñas se desnudan ante un dólar,
las madres que ellas tienen se enceguecen.

Infame el gobernante que lo apremia y
lo ignora,
siniestra la exacción para sus vanos
aspavientos.

Pero apréstensen falaces comensales
del engaño,
proyectos discípulos del hedor a filfa
que para esta triste contumelia
de indigna y mefítica sinrazón
tendrán, abyecto bardaje, su propia
tiniebla.