En combate (VIII minicuentos)

I

La voz surgió como una bofetada
en medio de la sombra
Rubiel Cantoral: eres hombre muerto!
Entonces
sollozando
se arremolinó en la esquina superior
de su camastro
y se quedó esperando la descarga
o el golpe incierto
y desastroso.

II

Ofrecieron cortarle el cuello de tal forma que se
desangrara lentamente.

Prometieron colgarlo de los testículos
y en esa posición
levantarle la piel de todo el cuerpo
centímetro a centímetro
con unas pinzas debidamente adecuadas.

Aún tras su deceso
aseguraron desmembrar su cuerpo
y colocar cada extremidad en una plaza
para que sirviera de escarmiento.

Diseñaron también un sistema de tortura
en el que pincharían la niña de sus ojos
con la punta de una aguja,
machacarían sus pies y manos con piedras y
macetas
hasta pulverizarlos
y finalizarían haciendo de su nombre la mayor
afrenta
para que su deshonor por los siglos de los siglos
señalara el límite entre la maldad suprema y todo lo
bondadoso