Para llegar a IPIALES hay que pasar un
río
que tiene piedras en su orilla norte,
piedras en su orilla sur
y un puente de malvados cancerberos al
acecho.
Para llegar a COTACACHI hay que saber
chispiar
remordiendo en la cuesta las lágrimas
del viento.
A ambas ansiedades se llega con
aguacero
o sin aguacero,
basta con dejar en el terruño
un beso a las cucarachas del olvido.
Para ANTONIO COTACACHI y JOSÉ IPIALES
llegaron balas de muerte en la fábrica
Vicuña.
No sé si besaron su mujer por última vez
en el terruño
o si sus hijos olvidarán este crimen de
Estado.
Comentarios recientes
hace 1 año 23 semanas
hace 2 años 1 semana
hace 2 años 1 semana
hace 2 años 4 semanas
hace 3 años 1 semana
hace 3 años 2 semanas
hace 3 años 2 semanas
hace 3 años 3 semanas