Claro, / hay poetas de calidad distinta /
Algún poeta / con destreza de manos /
saca / como el malabarista / el verso de
la boca, / de la propia / y de la ajena. /
Vladimir Miakovsky, 1926
La litera y la tura
La litera había sido en épocas pasadas un coche sin ruedas, llevado por hombres o por caballos, a donde se trepaba sin duda, algún obeso de esos, que por obra y gracia de su exce-dente, habría podido flatular sin miramientos sobre el paso de una bella dama al igual que ante un prelado, claro que con las debidas excusas que de su pañuelo bordado pudieron haber salido tras ese melódico peer, desde luego.
La litera igualmente, se puso en los camarotes de las naves una sobre otra y sus nautas debieron haberse trepado también para, al menos, en la solitud del océano, copular con suma destreza en memoria de Sodoma.
La litera por tanto ha resultado y resulta un instrumento eficaz de acomodo y buen descanso que no conlleva ni más ni menos, que a la adquisición de un sitial más alto y una bar-riga colgante.
Esto dicho sin mayores consecuencias.
La tura, en cambio, resulta un problema y constituye la máxima preocupación de las eruditos que actualmente buscan incansablemente las profundas raíces filológicas de tan enmarañado sufijo.
Ante la dificultad de recabar datos que conlleven a des-cubrir una pista adecuada para adentrarse con el fascinante mundo de la aura, me he visto en la obligación de poner las simientes para que nuevos investigadores y estudiosos, guiados por ta inefable luz del entendimiento, lleguen a descubrir, en un día no muy lejano, el verdadero significado de la TURA enigmática.
Para ello he puesto en experimentación algunas fórmulas de tejido gramatical anteponiendo y posponiendo fonemas al. sufijo mencionado, a fin de encontrar ta verdadera razón y significado profundo de esta maravillosa TURA; entonces vamos a anteponer:
PIN, un poco de color, algo de perfumería, polvitos de semidios y pedantería con lo que tendremos una mezcla sui géneris y lucrativa: PIN- TURA;
ESCUL, tiene un sonidito muy similar a una mala palabra, por tanto dejemos que lo utilicen pródigas manos o cienos concejales;
ESCRI, con esta anteposición la- cosa se hace color de remolacha blanca. nos. encontraremos con banderilleros, genios y mustios pa, aritos que, en nombre de la plumita y de la hoja de tabaco, pretenden hacerse nido en las volutas brillan-tes de la gloria. parí después pararse de tonsura en la pieza tronal de su techo;
Ahora, sí utilizamos la resta, acudiendo a las nobles e ínclitas matemáticas, podemos cambiar la fórmula y remen-dar una letra de postpón, luego de sustraernos para otro lado la T, dejándola como a continuación sugiero:
con la D: litera-DURA, ya tiene sentido de lecho o camastro estrenante;
con la P: litera - Pura, ésta debió haber sido de monseñor, aunque difícilmente se haya mantenido en su voto;
con la C: litera - Cura, referente al lecho de los enfermos o moribundos;
con LL: sería litera - Llura, que nos habla de las viruelas y de la ID.
Al dejarla sin letra de escudo se muestra corno Litera - Ura, que se refiere a los Uros titicacences, pero como ellos ni tierra firme, peor caballos han poseído -hombres de agua- definitivamente descartamos esta interpretación por mal digitada.
Entonces creo que lo más racional y conveniente para todos es quedarse con Litera - Suave y hablar un poco de esta tan interesante profesión de fe.
Coincidencias en litera - tura o formas de hacer una litera- suave.
Dentro de las coincidencias, puede ocurrir que mientras ciertos escritores de parla inglesa p. ej. encuentren en plan de escribir, otros de habla española p. ej. estén en el mismo plan, lo cual significa que existe una innegable coincidencia; a pesar de que en muchas ocasiones resulte anacrónico, pues aquel-los que menos se piensa, están esperando que acaben de escribir los otros para empezar ellos.
Además que esto de los viajes, los exilios voluntarios, los encargos internacionales, las visitas y las frecuencias a los mismos antros, los amigos y amigas comunes de la farándula, la edición millonaria de la guía telefónica, la lectura de los gran-des (titulares), el tren subterráneo, la preferencia por cierto tipo de hoja de cigarro, las telepatías y los sueños analizados, hacen que coincidan las formas y los rituales de vida de las gentes y hasta las mismas obras y hechos, en particular de los escribien-tes que son materia de fondo en esta página.
Por ello, desde que el pasionario Noboa y Caamaño, allá por principios de siglo, (que no tenía más que una bola de billar para adivinar la suerte), que careciendo de radio fuera acusado de haber imitado servilmente el poema "Emoción Vesperal" a un contemporáneo suyo de Argentina (o viceversa) Emilio Berizzo, en la totalidad del texto; no se había sabido, al menos por estas tierras, de caso similar hasta la fecha, salvo algunas composiciones en los círculos quinceañeros, cuando, no en vano, se memoriza y recita como propio algún romántico acertijo ajeno para enamorar una núbil pajarita. Pero de ahí no pasa, porque pronto, como avisada, la pelada, presta entra en enojo por haber sido engañada.
El encuentro entre el poeta y la amante y en el principio era el verbo
Coincidentalmente llegan a vivir en las páginas obras de autores distintos y contemporáneos en distinta situación geográfica original, pero que ante la hartura de la información se vislumbran semejantes y logran parir al unísono o al otrísono símiles creaciones y mareas literarias.
De esta distinción idéntica podemos sacar un extracto sociológico del difícil e hipotético hecho del subdesarrollo sudamericano en sudamérica y del superdesarrollo sudamericano en Europa, es decir que la efervescencia creativa de los hombres sudamericanos es mayor con el roce de or-ganizaciones sociales avanzadas que en sus terruños y mejor su intensidad de captación de la realidad allá que acá. Por lo tanto sería menester que nos trasladásemos algún día a vivir en Europa, por ejemplo, para poder desarrollar al máximo nuestra creatividad y ser coincidentes con la época, el desar-rollo, las letras y las artes, la ciencia y la conciencia, la presen-cia y la coincidencia.
Henri Pichetti, europeo desde chiquito, escribe en su libro "ephiphanies" un poema del cual extractamos unos versos. traducidos al español por Jaime Tello y publicados en la revis-ta Imagen de Venezuela en el número 80 del 1 de septiembre de 1970.
". .. Yo te inervo te musico te solfeo te injerto te muevo te tobogano te cadero te arpo te rastrillo te lagrimo te miro te in-fuso te citiso te valvo te triangulo te pilono te espiralo te bajgajo te simiento te golondrino te abordo te bobino te tisano te tarántulo te aleteo te calcareo te pulpo te golfo ti, disco..."
De la mista manera el poeta sudamericano Jorge Enrique Adoum escribe en el año de 1979, sin haber conocido este poema por supuesto, (me imagino) el poema "En el Principio era el Verbo", del libro "prepoemas en postespañol" del cual ex-tractamos unos versos:
"...te vaso te enfósforo te libro te disco te destoco te desvisto desoído te camo te almohado enciendo descobijo te pelo te cadera me cinturas..."
Vemos entonces que el hecho coincidental en este ejemplo se da primero por la contemporaneidad: el uno se escribió en 1970 y el otro en 1979, segundo, por la temática: existe un diálogo amoroso entre una pareja, en el primer caso; y en el segundo, un monólogo amoroso; y, tercero, existe coinciden-cia en la forma de tratar el poema, es decir de verbalizar los sustantivos y también la común afición por el "te", que segura-mente se servirán coincidentalmente a la misma hora del té.
Pero la contemporaneidad coincidental sobre un mismo tema, también revierte en distintas interpretaciones o modos de ver las cosas o en la forma de trabajarlas. En los poemas anteriores se narra la posibilidad de destripar la palabra o de remodelarla y moldear caprichosas formas sonoras o im-aginativas, mientras que otros textos poéticos, que coinciden en la misma temática encuentran una funcionalidad social, práctica o guerrera si se quiere, corno es el caso del poema in-titulado "El Verbo", escrito en 1971 por Mario Benedetti... "en el principio era el verbo! y el verbo no era dios / eran las palabras / frágiles transparentes y putas / cada una venía con su estuche / con su legado de desidia / era posible mirarlas al tras-luz / o volverlas cabeza abajo / interrogarlas en calma o en francés / ellas respondían con guiños cómplices y corruptos / qué suerte unos pocos estábamos en la pomada / éramos el resumen la quintaesencia el zumo / ellas las contraseñas nos valseaban el orgasmo / abanicaban nuestra modesta vanidad / mientras el pueblo ese desconocido / con calvario tristeza decía no entendernos / ...en el después será el verbo / y el verbo tam-poco será dios / tan solo el grito de varios millones de gargan-tas / capaces de reír y llorar como hombres nuevos y mujeres nuevas... "
Aquí existe entonces una coincidencia en la fijación de los autores hacia la materia de la poesía, el material de trabajo: el verbo, la palabra, pero que conlleva también un abismo de diferenciación entre lo que el uno ilusiona construir con el verbo y lo que el otro supone o aspira deberá ser el verbo.
Ojos atentos
En estos escritos vemos que existe algo más allá de "los oídos atentos" de que habla Agustín Cueva, al parangonar las frases "a guagua cunshi tan" de Jorge Icaza con "a José Vacan-cela tan" del poeta César Dávila Andrade. También se des-cubren los ojos atentos, la nariz atenta, un buen tacto y excelente tino además de los oídos atentos, ya que la abundan-cia de información de la época influye atrozmente en los in-tentores de poesía y en general hasta en los capariches. Es así que un segundo ejemplo de dos poetas latinoamericanos, nos lleva a sospechar que son de muy buenos ojos, ya que en su trajinar debieron haberse topado con muchas seriales y letreros de impedimento, especialmente si hubo una frase escrita en la pared de la U de París que decía PROHIBIDO PROHIBIR en 1968. Escribe Nicanor Parra el poema Advertencias: "...Se prohíbe rezar, estornudar / escupir, elogiar, arrodillarse / vencer, aullar, expectorar./ En este recinto se prohibe dormir... ; Se prohibe fumar y fomicar". Igual el poema "Prohibido fijar carteles" de Adoum: "...Prohibido curvar a la izquierda / y casi prohibido pisar el césped... / prohibido cruzar sin saber para qué lado... / prohibido estacionarse... / prohibido ir a la China / prohibido besarse en los parques... / se prohibe morir". Cada cual con sus propios ojos y estilo, pero coinciden-tales en el tema de la época.
La última coincidencia
De todo este acertijo litelocuo concebimos que el árbol de la creación no solamente traía manzanas sino que también cargó, en una época que seguramente fue la del pecado original, poemas; y que el hombre, a fuerza de tascar, fue encontrando modos de hacer y maneras de arreglárselas con las palas y las palabras; primero en forma imitativa, luego en forma análoga y también en forma coincidental. Como en el caso del último premio Casa de las Américas que, por entre las rendijas patagónicas de su limitada gastronomía, muestra un paisaje (con viento al parecer) en el que incluye, coinciden-talmente, un zumbido de sigses , mucho después que el poeta de la calle recitara en la plaza de San Francisco su "chasquido de sigse", en el lanzamiento de La Pedrada N° 2, allá por el año de 1980; lo cual me hace pensar que el viento viaja a una velocidad menor que el tiempo que recorre una página en ser leída.
La heredad coincidental
La posta supone el paso de mano en mano, de boca en boca; la seña ; el hábito o el chicle. Y se lo puede pasar con sigilo, con sorna o con soprana solemnidad generacional; con velocidad y resistencia, también con desesperación: sea del lado del que queda sea, de parte de los que quieren tener ruta y empezar.
Es así que por casualidad y, coincidentalmente, encuentro un par de ediciones de libros que, coincidentalmente (tendré que repetir sin remedio), traen como presentación en su por-tada un mismo dibujo (cosa que llama a fijación visual): el primero editado en 1977 su segunda edición y publicado por editorial ABACUS en idioma inglés. Lo escriben dos autores cuyos nombres y apellidos son John Money y Patricia Tucker, los que intitularon a la mencionada obra "Sexual signatures on being a man or woman", lo que en español se podrá traducir como "Marcas sexuales sobre el ser un hombre o una mujer". Impreso en Gran Bretaña. El segundo en cambio, editado en el año de 1987, lleva la marca "Serie HOY jóvenes escritores ecuatorianos, No. 1". Impreso y encuademado por la Nueva Editorial CCE Benjamín Camón y "Printed" in Ecuador, escrito por un novel criollo apellidado Buitrón el cual puso como título a su obra "Instrucciones para llegar al orgasmo".
Bien. Siendo inevitable negar e irrebatible el hecho de mostrar dos portadas idénticas en ambos libros, uno ausente del otro con una década, best seller el primero, mal seller el último; sus intitulaciones guardan coincidencia similar y ex-acta finalidad: dar instrucciones sobre el sexo, con la distinción que emerge del inglés por ser abordado de manera literariamente didáctica y no así del nacional que se presenta literalmente didáctilo, pues topa en forma obscura y confusa el tema como se podrá notar en "LA TRISTE HISTORIA DE PIPIENCOGIDO" que será, posiblemente, un texto autobiográfico. No nos queda, por tanto, más que desirritar el furor de los lectores heridos por tal inocuo indilgo que en-cabeza el fruto de una heredad cuyos gestores pudieron, al poner el cedazo, dar cuenta, sino de calidad creativa, por lo menos de un poco de honestidad.
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