Los años terribles

I

En esta época de
tormentas,
de inicuas rendiciones,
de pompas fúnebres.

En esta era de fuerza
pública e inconvicción
política.
De convicto aliento. De
alta obesidad e
hipertenso lujo.

Era de ira ésta. De
dunas explosivas, duras
pruebas.
De lobos y ordalías,
llagadas nuestras carnes.

Era de inclemente
ingrata. Traición
acaudalada,
voraces acechos, yermos
palabreos:
voces de rufianes.
Rostros pervertidos.

Era de extrangular
pobreza. De merodeo y
muerte...
de tortura;
era de taumaturgo
crimen, de campos
arrebatados,
acantonados cañones,
amargo sarcasmo.

Era de puertas asoladas
por estrépito embozado,
lágrimas y escalofrío:
zahurda de escarmiento:
escéptico cristal
trizado de miedo.

Macabras compañías,
hijos desaparecidos,
anónimos asesinos.
Amparada el hampa ahoga.

Era de allanamiento, de
mortal penitencia,
estrafalarias economías
y empecinamientos.

Era de distinto ayer.
De enormes decesos.

II

En esta época de ciclones,
de malévolos heraldos,
de buenas nuevas;

éstas, las cautivas,
abriéndose en el pecho
agujeros vacíos,
podrían regresar:

las pendidas en picota
de silencios,
condenados a perder;

las que inundadas de
pronuncios falsos,
enraizó la mala suerte,

las de ciénago morir:

Eran éstas,
en esta era
las de ayer;
que ayer dijeron volver
ahora,
envenenados los dardos,
lisiado el porvenir.

III

En esta época de
tormentos, de sufrido
insecticida,
de manos de extravío,
de atropello
inmeritorio:

acallados los poetas,
buscan versos en
letrinas,
en sumisas pirotecnias
lucrativas;

Exasperan de estos
tiempos los insumos,
los desastres
delatorios del acoso,
las heroicas lujurias
del derroche;

Sin amparo nos inundan
aluviones de miseria,
cadáveres en astillas,
esparcidos por el alba;
escarnio de la noche,
aullido de las bocas,
piratas otra vez a
nuestra espalda;

época de rateros,

de ratas ovacionales,
de ranfleros.

IV

Era sin lira esta
época de mentira:
escuálidad de pared
e hipocresía.

Irremediable era de
obituaria tierra;
como que nunca fuera.

Era de mal talante; de
amaleo y buen vestir.

Era del amor ajado, del
mohino microchip;
era de no volver a
repetir
          de hablar y
restituír,
          no callar,

no callar
en esta época de
tormentos,
de malévolos heraldos,
de sufriente
insecticida...

(bis)