Los meses eternos

Era de esperarse que sobre las aves un intenso grito porfiado
como el estruendo oculto de lágrimas perpetuas
encendiera el arma de sucesores estallidos,
la arenga en vida que liberta el mundo, una vida de sabias pasiones sobre el esqueleto de la ciudad
presurosa del despertar de masas turbadas,
sacudiendo el rostro alelado de turbas amaestradas,
amargadas.

Sobre la piedra la pedrada opera el levantamiento resurrecto.

Sobre la pedrada la piedra no será lápida ni sócalo de fatuos enamoramientos.

Es nuestro corazón un cuchillo para luchar, el culmen de dolor y el manto
con que cobijamos nuestros caídos.

Orlando Sierra persiste fiel sobre el discurso
y la mano de sus genes ametrallados son lilas que permiten llorar eternamente.
A través está el estío ventoso de su agonía.

Y las cadenas de días que muestran un desierto.

De eternos meses.

De lágrimas y velos que nunca lo van a
sepultar.