La obra de Carlos Coral está
incluída en esta revista
como un valioso aporte
a la poesía ecuatoriana
y como homenaje,
dada su prolongade ausencia
y el vacío que deja
su desaparición.
Este indio hijo de mulata y "aherrojado como un fascineroso". Este condor, asiduo visitador del cadalso. supo del arte de la huida, del escondrijo en el cuchitril pero cuando sintió desde sus nubes barrocas o desde las profundidades marinas que et león de la revolución estaba hiriéndose, como la flor de la acacia "con su espuela de plata" vehemente, frenético. Árduo, asustadizo a veces, "no dio paz al corcel de su ilusión..." si la pena moría, la mataba; arribó al corazón del mundo, al sístole y al diástole de latinoamérica, su patria.
siempre vivo, alegre, excepcional...
mira las causas, reflexiona, ata...
juicios y congeturas que miran las
alternativas de la historia
y las proyecciones de ella.
En ella y por ella vive. Es su hélice.
Su poesía es monstruosa, sutil, brutal, apoteósica, epistolaria.
Su prosa dinámica, agresiva, perspicaz, diáfana. Sobre todo convincente. No en vano Iogra acumular un caudal de ciencia y filosofía lumínicas como hombre de la Ilustración. La imprenta acude en 1754 ayudando a la causa emancipadora.
Me pongo a leer su carta sexta (pág. No. 103-Chisicos Ariel: 77) y escribo:
Amanece una risa depurada. La dirige a Juanito amado. Habla una mujer. Cantidades de datos so-bre la vida cuotidiana en un lenguaje de transparencia soleada, casi infantil pero no predecible. 25 líneas Ilenas de contradicciones, "pensamientos sublimes -textual- ...efectos corteses y nobles ...re-dondeces de globo, negocio mío y de mi sexo: te mueres por él ..." 25 líneas -digo- que rayan en un poema deleitoso:
Novel golondrina, a dónde
vuelas, ciega, de tu nido,
sin advertir que en la esfera
hay también precipicios? "
Esta es una necesidad de su espíritu. Es el síndrome acromegálico -diría un médico- que lo hace vivir. "Poesía... poesía eres tú" le dice Juanito bien amado pues parece que su estado es de perenne inspiración, de soirée revolucionario.
Su ideal lo absorve. Su mirada quema y canta:
"Por qué siendo pajarraco
que el sol sus luces no ha visto,
ser quieres águila real
sólo porque tienes pico?...
"...........................................
"......3 estrofas lúcidas.........
"...........................................
"luego, nóvel golondrina,
evita nuevos peligros
sin nuevo canto canto ni vuelo
si naciste pajarillo".
Armonía interna de decir subjetividades partiendo de algo tan real como una golondrina-niño que quiere ser águila real sólo por poseer piquillo.
Noto rima asonante en las terminaciones segundas y cuartas de los cuartetos:
en los I - Os (vistO - peligrO - nIdO - etc.)
(picO - pajarillO - precipicIO - etc.)
Lleno de silabejas y dialejas como:
"advertir que en la esfera hay también."
"novel golondrina adonde"
"que en vez de canto ..."
Alusiones, alegorías, anáforas, metáforas, aliteraciones, antítesis, pululan:
"Literato pensamiento
no te quedes en el suelo
eleva, eleva tu vuelo
con más noble atrevimiento".
Su "versión parafrásica del Salmo" posee un sinnúme-ro de variaciones métricas, como un juego de ajedrez poligonal dialéctico que puede apostrofarse ad infinitus.
Prosa fina y brillante absolutamente comunicativa y sensible a la captación de la gente. El ritmo es inter-no, moldeado por el punto de silencio o de descon-cierto por la pausa de la soma. La sensibilidad se desborda en el diálogo, en el relato, en la misiva, en el discurso de igual manera como procede el encan-tador de serpientes musicaliza, sensibilizándole , ani-llo a anillo, a la amarilla boa.
A veces cruel, mordaz, sardónico, en aras del pan social y de la libertad y de la educación y de la poli-tización del pueblo. Ya metaforiza. ya absorbe, ya mata de iras. Sobre todo eriza los pelos del explota-dor, de la antítesis del cura de Santa Engracia, del ca-pitalista, del mal médico, mal hijo, mal maestro. Destornilla las máscaras.
La carencia del desarrollo científico de la época, sobretodo el tocante a ciencias sociales limita muchas veces su cosmovisión, hace que no se percate de la causalidad de los hechos sociales -en medio de su eclecticismo fabuloso que todo lo abarca: medicina, jurisprudencia, filosofía, literatura, política, sociolo-gía, etc..- y los achaca con razón o sin ella (no justi-fico a un vate, lo miro). El mismo, a la manera de Neftalí Reyes pasa de Chusig a Espejo (no conozco los motivos. Por hoy me callo.)
Pero todo ello le hace resaltar e instigar, dinamizar y proletarizar, convencer y señalar la vigencia de la evolución histórica. Que el indio no puede surgir e-brio ni ocioso. Que el tiempo no es un escabel a sus pies sino una realidad maleable a las circunstancias por el trabajo, que la familia es núcleo social que de-be preservarse. Que el hombre es animal social y político, y sin exceso de lirismos declara que el bello sexo es la textura contextual de la vida dura y llorosa (Espejo nunca se casó).
Su prosa -lo repito-, posee un ritmo interno na-tural hecho de imágenes que brillan en sus ojos nautas como efélides de tronos. Es un grito triunfal, que continuará la historia, casi definitivo a la manera escandalosa y panfletaria de Montalvo (gobierno y cleresía), a la manera onomatopoyética pero más sesuda y ecuánime de Olmedo, al fragor de Homero, al rumor del mito del Sísifo, y el recuerdo del Israel incrustado en mama Paccha. Frases asequibles al niño o al an-ciano. Terapia alucinadora de las masas.
Innegablemente estamos ante un coloso.
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