
Félix Luis Viera * ColumnistaMéxico La Nueva CubaNoviembre 25, 2009
No hay dudas de que Cuba no será esa potencia de lectores que el Gobierno pregona, pero tampoco debe haber duda de que en este país se lee mucho más que en otros de Latinoamérica, aun con más habitantes que la Isla. Es decir, es cierto, en Cuba se lee, literatura, quiero decir (novela, cuento, poesía), en un monto paradigmático en relación con otras naciones. Hay editoriales diversas, así como ferias del libro, talleres literarios, programas de televisión dedicados a promocionar la lectura, diversas presentaciones de obras literarias y aun buena promoción en muchos casos. Las tiradas de no pocos libros son altas. Pero no se engañen: esto es una burbuja. Son lectores cautivos. Cautivos de la producción literaria que se produce en la Isla o de la foránea que la dictadura autoriza a circular en el país. Es decir, son personas -los lectores-que durante décadas han sido inducidos a la lectura (lo cual no es malo, claro), y hacia ella han ido porque no tienen más opciones. La pregunta: ¿Si en Cuba hubiese internet, televisión por cable las 24 horas con más de 40 canales, televisión pública y libre las 24 horas, videojuegos, si circularan -como en otras latitudes- un promedio de 300 revistas semanales -unas banales, otras no- e infinidad de libros de autoyuda -casi todos banales, pero que a muchas personas les sirven para algo, o al menos tienen ese derecho de elegir-, más 15 periódicos diarios que sobrepasen las 20 planas y de posturas contrapuestas, sin olvidar una variedad de espectáculos que incluyan atracciones de todo tipo y una cadena de cines con los últimos estrenos, sumado a eventos deportivos que los cubanos que viven en isla ni sospechan que existen… se mantendría las cantidad de lectores -de literatura, valga aclarar- que existen hoy día? Yo no daré la respuesta. La dará el tiempo, cuando ocurra lo que, indefectiblemente, tiene que ocurrir.Los escritores no disidentes (porque los disidentes que están "adentro" se hallan censurados) que viven en Cuba tienen su coto de caza asegurado. Publican regularmente y a cambio, además de su razón de ser existencial: publicar su obra, reciben algún beneficio económico y ciertos privilegios (unos más, otros menos). Son felices: el estado comunista protector les permite realizarse espiritualmente -con sus lectores cautivos asegurados- y les da la contra con algo material. Además, tienen su ranking y sus críticos, así, aislados del mundo. Más no se puede pedir, es como en el baloncesto correr hacia el aro sin gardeo alguno. No tengo nada contra ellos, sólo es una verdad que ocurre.La pregunta: ¿Qué pasará con los escritores cubanos no disidentes que viven en Cuba cuando llegue ese día inexorable en que, además de lo enumerado en los párrafos anteriores, deban competir con los libros de escritores extranjeros hoy prohibidos en la Isla, y con los de sus compatriotas que andan dispersos por el mundo o ya han muerto allende los mares de la patria; cuando el estado benefactor comunista no sea el dueño de todas las editoriales y deban enfrentarse a las leyes del mercado editorial, donde en ocasiones no hay piedad si el dinero no afluye a sus arcas, si bien-porque todo no es tan terrible como les ha hecho creer Fidel Castro--, existen asimismo instituciones culturales que se dedican a cuidar la buena literatura? La respuesta no la creo necesaria, está incluida en la misma pregunta. Sólo quisiera agregar que por estas razones, bien lo sé, no pocos de los creadores cubanos que viven en su tierra tantas veces se autocensuran al autoaplicarse la salvaje sentencia: "Con la revolución todo; contra la revolución nada".
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* Félix Luis Viera. Poeta, cuentista y novelista, nació en Santa Clara, Cuba, el 19 de agosto de 1945. Ha publicado los poemarios: Una melodía sin ton ni son bajo la lluvia (Premio David de Poesía de la Uneac*, 1976, Ediciones Unión, Cuba), Prefiero los que cantan (1988, Ediciones Unión, Cuba), Cada día muero 24 horas (1990, Editorial Letras Cubanas), Y me han dolido los cuchillos (1991, Editorial Capiro, Cuba), Poemas de amor y de olvido (1994, Editorial Capiro, Cuba) y La que se fue (2008, Red de los Poetas salvajes, México); los libros de cuento: Las llamas en el cielo (1983, Ediciones Unión, Cuba), En el nombre del hijo (Premio de la Crítica 1983. Editorial Letras Cubanas. Reedición 1986. ) y Precio del amor (1990, Editorial Letras Cubanas); las novelas Con tu vestido blanco (Premio Nacional de Novela de la UNEAC 1987 y Premio de la Crítica 1988. Ediciones Unión, Cuba), Serás comunista, pero te quiero (1995, Ediciones Unión, Cuba), Un ciervo herido (Editorial Plaza Mayor, Puerto Rico, 2003) y la novela corta Inglaterra Hernández (Ediciones Universidad Veracruzana, 1997. Reediciones 2002, 2006 y 2008, Edizoni Il Flogio, Italia.) El Premio de la Crítica es el mayor reconocimiento que recibe un libro en Cuba. Su libro de cuentos Las llamas en el cielo es considerado un clásico del género en su país. Varias de sus creaciones han sido traducidas a distintos idiomas y forman parte de diversas antologías publicadas en Cuba y en el extranjero. En su país natal recibió diversas distinciones por su labor en favor de la cultura. Fue director de la revista Signos, de proyección internacional y dedicada a las tradiciones de la cultura. Su más reciente novela, Un ciervo herido –que aborda el tema de las Umap,eufemísticamente llamadas Unidades Militares de Ayuda a la Producción y, en realidad, campos de trabajos forzados establecidos en Cuba en la década de 1960–, ha recibido un notable reconocimiento de la crítica y de los lectores y ha circulado en España, Puerto Rico, México y otros países; durante cinco meses estuvo entre los libros más vendidos en Miami y ha sido traducida al italiano por la editorial L´Ancora del Mediterráneo. En Italia ha sido objeto de un notable reconocimiento de la crítica especializada, así como de los lectores. Tiene inédita su novela El corazón del rey, que refleja los primeros pasos de la instauración del socialismo en Cuba, en la década de 1960, y actualmente trabaja en el poemario La patria es una naranja, inspirado en la añoranza de su tierra natal y en sus vivencias en México, donde radica desde 1995. En México ha colaborado en diversos periódicos con artículos de crítica literaria y de contenido cultural en general, ha impartido talleres literarios y conferencias, y asimismo se ha desempeñado como asesor de variadas publicaciones periódicas. Actualmente es ciudadano mexicano.
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