Desde el comienzo del prólogo, en el segundo párrafo exactamente, el autor deja sentada su preocupación por “informar” al lector sobre la generación de los sesenta, a la que dice “bien pudiéramos apodarla de decapitadora por esa explícita intención suya de “cortar” y “reducir” cabezas”.
Desde aquel año de 1967 en el que Agustín Cueva publicó su primer libro, Entre la ira y la esperanza, -dice Valdano- lo convirtió en el ideólogo indiscutido de ese grupo de intelectuales y estudiantes de derecho y sociología de la Universidad Central que habían adoptado el nombre de “tzántzicos”.
A continuación anota: “Aquellos fueron años de agria contienda política, de dictaduras militares, de persecución a los intelectuales de izquierda, de manifestaciones tumultuarias de universitarios, de lucha del pueblo en las calles”.
Los tzántzicos en Quito: en los irreverentes 60s
En el siguiente párrafo se contradice Valdano al citar a Mario Monteforte, quien –dice- estigmatizó a los parricidas tildándolos de “corderos feroces en un país de gorilas mansos”. Pareciera que para Monteforte (y Valdano) deben existir solo gorilas feroces para justificar que los corderos también lo sean. Los gorilas -digámoslo bien-, los militares, en cualquier latitud siempre son feroces, son “educados” para ser feroces, pero lo que sí molesta es la comparación con los gorilas de la selva, que según los biólogos son mansos por naturaleza, pero pueden enfurecerse por causas naturales en su condición de sobrevivencia, o de que algún porfiado naturalista les ofenda, o por las hembras, que son apetecidas y provocan la discordia. Igual que los toros, estos tienen el derecho de matar si se los provoca.
Si “aquellos años fueron de agria contienda, dictaduras militares”, etc., lo normal era contrarrestar ese mal proveniente de las alturas del poder político. Lo que no anota es que Agustín Cueva también fue víctima de una dictadura militar, y tuvo que trasladarse a Chile.
Agustín Cueva
Valdano hace gala de buena memoria cuando dice que en 1962 asistió, tanto en Quito como en Cuenca a varios “curiosos recitales” de los tzántzicos en los que expresaban su radicalismo y su violencia verbal, su ruptura con el sistema. En esto acierta Valdano.
Pero más adelante pone la zancadilla. Dice que los poetas tzántzicos, “vestidos todos de negro, no solo que gritaban sus versos sino, más acertado sería decir, que los aullaban. Las voces eran estridentes; el teatro así montado, efectista; la rabia, mucha y destemplados los versos”.
Notemos las gradaciones en la apreciación de Valdano. Primero dice “no solo gritaban sus versos”, después le parece mejor decir que aullaban. Luego viene lo de las voces estridentes, y finalmente, viene “la rabia, mucha y destemplados los versos”.
Me parece escuchar la voz de un crítico sordo. Gritos, aullidos, voces, estridencia. No habla de los mensajes. Nada de lo que gritaban, aullaban, y decían los tzántzicos. Valdano se queda en le epidermis y no profundiza en los contenidos de los recitales, que para él eran una “suerte de misa negra”.
Logo Tzántzico
Refresquemos la memoria del señor Valdano. Tengo a la vista Tres recitales tzántizcos, folleto publicado en mimiógrafo en 1966, y tengo también la revista Pucuna No. 7.
En la revista se da una reseña de los actos reducidores de cabezas de los tzántzicos realizados en 1966, cuatro en total. En el folleto se reproducen los contenidos de tres recitales: 1) CIBER PROPAGUS MENTIS (De cómo las estructuras propagandísticas mienten); 2) HISTORIA DE UNA REFORMA AGRAVIANTE (A propósito de la Ley de Reforma Agraria emitida por la dictadura militar); 3) ESTIPENDIO DE LAS ARMAÑAS DE LOS DEMOCRASO INOCENTES (Frente a la penetración imperialista en el Ecuador).
El lector inteligente podrá percibir e imaginar los contenidos que habrán tenido esos recitales. Allí había sustancia, no solo forma o formalidades que el señor Valdano pone en gran relieve en su prologuito.
Otra fue la visión de Agustín Cueva sobre los recitales tzántzicos. Reproduzco lo que escribió en su libro Entre la ira y la esperanza: “Ahora, odiado por los derechistas, detestado por mini y micro ensayistas que le aplican la cobarde y sistemática represalia del silencio, ignorado por pontífices y periodistas “sesudos” pero aplaudido en universidades, colegios, sindicatos, etc., el tzantzismo, tierno e insolente, es, mal que pese a sus adversarios, la verdad de nuestra cultura (y el público así lo siente: los tzántzicos son los únicos poetas capaces de tener lleno completo en cualquier local donde se presentan). Negación de toda retórica, es, a la vez, nuestra poesía y la imposibilidad actual de una absoluta poesía: es el germen y el fracaso de nuestra ternura; la dimensión exacta, auténtica de un momento en que el artista toma conciencia del alcance social como de las limitaciones de la palabra. Por eso, entre el acto y el grito próximo al estallido, el tzantzismo se afirma como una forma de arte ceremonial y agresiva, destinada a vencer la capa de inercia, cuanto la barrera opresiva-represiva que le oponen los detentadores del poder socio-político”.
El taurino Valdano en un "bostezo de pecho" en la plaza de toros Quito
Con esto basta para dar por tierra con las apreciaciones manipuladoras de Valdano. Pero como el señor es tan pero tan lleno de recursos, en la página 11 de su prólogo da una estocada para alegría del ruedo: “Del grupo de poetas tzántzicos solo uno de ellos trascendió, Ulises Estrella, el más auténtico y valioso”. (Aplausos, furor en la plaza). “Los demás –dice- al parecer, se quedaron en el grito nocturno, en la cabriola al borde del abismo, en el…etc. etc.”
Pregunto: ¿qué es la trascendencia para el sesudo catedrático? Percibo que tiene más bien incrustada en su mente la trascendencia seudo metafísica, o pataphisica, como diría el autor de Ubu Rey, Alfred Jarry.
Me permito citar unos cuantos juicios de Jean Paul Sartre, en la parte final de su libro ¿Qué es la literatura, editorial Losada, Buenos Aires, 1962.
Se refiere a la “Situación del escritor en 1947”: “Nada nos garantiza que la literatura sea inmortal; hoy, su oportunidad, su única oportunidad, es la oportunidad de Europa, del socialismo, de la democracia, de la paz. No hay que perderla; si la perdemos nosotros, los escritores, tanto peor para nosotros. Pero también tanto peor para la sociedad. Por medio de la literatura, como lo he demostrado, la colectividad pasa a la reflexión y a la mediación y adquiere una conciencia turbada y una imagen desequilibrada de sí misma que trata sin tregua de modificar y mejorar. Pero, al fin de cuentas, el arte de escribir no está protegido por los decretos inmutables de la Providencia: es lo que los hombres le hacen; lo eligen al elegirse. Si fuera a convertirse en pura propaganda o pura diversión, la sociedad volvería a caer en la pocilga de lo inmediato, es decir, en la vida sin memoria de los himenópteros y los gasterópodos. Desde luego, todo esto no tiene tanta importancia: el mundo puede prescindir perfectamente de la literatura. Pero puede prescindir del hombre todavía mejor”.
Uno de las tertulias tzántzicas en el legendario Café 77
No es que comparta con Sartre en su totalidad. No soy sartreano pero lo leo con aprecio. Sartre siempre estuvo contra Sartre, fue contradictorio, polémico, sagaz, combativo. La cita del francés que rechazó el Premio Nobel es pertinente para refutar la nebulosa “trascendencia” del señor Valdano.
Los tzántzicos generaron conciencia para no seguir aguantando mansamente los abusos de dictadores militares y civiles, del interior o el exterior. Después de ellos, no se ha visto ni oído poetas aulladores, organizados, lanzándose contra el poder.
Me he visto obligado a escribir estas líneas porque tuve la suerte y alegría de participar y ser un tzántzico más dentro de ese grupo. Pregunto: ¿Qué es lo que pasa, hoy, en el país de Valdanito?
Finalizo con unas palabras del señor Freud: “Uno puede defenderse de los ataques; contra el elogio se está indefenso”.

Raúl Arias
Quito, 1943
*Poeta, periodista y gestor cultural insurgente por más de 50 años.
Junto con Rafael Larrea Insuasti y Alfonso Murriagui Valverde, constituyen el "ala radical" de los poetas
tzántzicos, aquella que nunca claudicó, ni devino "desencontrada" o "desencantada"
como algunos de sus contemporáneos. De aquellos que como dijera Rafael Larrea
...de reductores de cabezas, terminaron con la "cabeza reducida". DVA
Continuará...

Todo esto significó, el aniquilamiento total de la visión integradora y holística, que por milenios guió la vida de los pueblos sobre la tierra, para imponerse una visión divisionista y exclusivista, donde el hombre es el centro (antropocéntrica), amo y señor de todo cuanto hay en la tierra; instaurándose desde ahí el dominio patriarcal y el esclavismo hasta la actualidad. A este modelo de vida, se llamó pomposamente: “civilización”, “adelanto”, “progreso”, “modernidad”, “desarrollo”; aquello ha llevado al uso y abuso de la naturaleza, y de aquellos seres humanos que deben explotar al máximo los recursos naturales para su beneficio son más inteligentes, suspicaces y astutos de la raza humana.
La llamada “civilización” es la clara expresión de oposición a las culturas, sistemas sociales que estaban ligado a la naturaleza, a lo viviente, y que seguían la dinámica del cosmos, y se movían al ritmo de las leyes de la creación.
Esto nos lleva a reflexionar, que el problema humano no está determinado en la igual o desigual distribución de la riqueza, o en la eficacia de los modelos de desarrollo económico o crecimiento, sino básica y prioritariamente en la visión de relación que el ser humano tiene sobre sí mismo y sobre la naturaleza. Es decir, si el ser humano se puede sentir integrado, interrelacionado e interdependiente con el todo. Si el hombre puede respetar a la naturaleza y por ende respetar a los seres humanos, con sus diferencias culturales y espirituales. Si el hombre puede dejar de creer en aquellas mitologías en donde es hijo del “pecado original” y que fue traicionado por la mujer (manzana-diablo) y expulsado del paraíso (madre-tierra). Si el hombre puede volver a una visión sagrada de la vida, que implica una visión de reciprocidad, de correspondencia, de cooperación entre el todo y todos. Es decir, si podemos sentirnos y vivir como una gran familia planetaria, donde nuestros padres primarios son el sol y la tierra, quienes sostienen y mantienen nuestra vida en el cosmos y a los cuales debemos cuidado, honor, celebración, retribución.
Los religiosos conquistadores se impusieron primero en Roma y luego en toda la Europa, poniendo fin a las culturas originarias que se habían formado durante más de 15.000 años, de una manera propia y natural. Ellos son los responsables en particular de la extinción de la sabia cultura de los celtas. A su vez los europeos cristianizados la impusieron en el mundo entero, instaurando el sistema económico, jurídico y psicológico de la culpa, del castigo, de la jerarquización y de la dominación, propio de la doctrina semita (judeo-católico-musulmán) que subsiste hasta nuestros días. Los conflictos religiosos de Medio Oriente se transformaron en guerras santas en el mundo entero, especialmente en Europa con las Cruzadas y durante la Inquisición.
Posteriormente este triste episodio se repitió en los continentes de Amérika y el África, a los cuales se sometieron con los mismos argumentos. Así mismo, son los europeos los primeros que lo han implementado en estos 2.000 años de alienación y ostracismo, y los otros pueblos van por el mismo camino, básicamente sustentados en el fundamentalismo de Medio Oriente. No es casualidad que sea así, seguramente ellos serán los últimos en despojarse de esa creencia y quizás ahí se terminará con la sangre derramada por ir tras la conquista bárbara de una tierra prometida, de un pueblo elegido y de un juicio final.
Para nosotros hoy en día es importante hacer una diferencia entre cultura occidental y civilización occidental. Cultura viene de cultivar, que sería el acto de cultivar el arte, el alma, las ciencias, la tecnología, la tierra. Civilización viene de civilis, cuando surgieron en Grecia la polis y la propiedad privada; y posteriormente su ensamblaje con los dogmas y esquemas monistas y “monomaníacos” de las religiones Sunitas del Medio Oriente, lo que significó el “inicio del fin de la cultura occidental”. Es decir la separación y dominación de la naturaleza, pues la relación íntima con la naturaleza (animismo) significaba para el cristianismo y luego humanismo de occidente: idolatría, paganismo y bajas pasiones que atan al “estado animal”, al “estado salvaje”.
Atawallpa Makarios OviedoRiobamba, 1961En el “mundo oficial” tiene un Doctorado en Ciencias Políticas y Sociales. En los 80 activó el taller de literatura Matapiojo en Quito, junto con Pablo Yépez, Marco Núñez, Paco Benavides, Hernán Hermosa, Diego Velasco, entre otros, para luego fundar junto a otros artistas quiteños vinculados a la literatura, el teatro y las artes visuales: La Red Cultural Imaginar.Debajo de todos los discursos, de las experimentaciones formales, de los manifiestos y de los ensayos; lo que se discute es la reubicación del poder político y cultural, como siempre que existen movimientos agitados en el recurrir de la historia. Debajo de los discursos relamidos de algunos literatos y crípticos de la mayoría de sociólogos o investigadores sociales se oculta esta realidad; en esencia cuál es el discurso que prevalece en los meandros del poder. Más allá de las repetitivas y manidas discusiones; lo que subyace en la polémica, es la construcción del discurso político recogido por los sociólogos y la construcción del canon por parte de los literatos. ¿Hasta qué punto es válida esta percepción y esta relación? Al parecer la historia actual justifica este paralelismo pues, como se demostrará en el transcurso de la presente, los personajes de novela de la décadas de los 70 y 80’s son los protagonistas de la historia real. Es posible, según los intelectuales que ocupan el “Palacio de Zoonderet”, construir una nueva nación –aquella permanentemente en ciernes- a partir de la edificación racional, ordenada y aséptica determinada por Senplades –que se asemeja a la versión “orwelliana” de la institución encargada de normar los sueños y ¡hacerlos realidad!-.
No es casual, o podría ser nada más la constatación de que debajo de la pretendida escritura científica acerca de la realidad se encubre la fantasía más delirante, que nuestro mayor sociólogo –es decir para trasladar a él alguna de las valoraciones que realizó acerca de la aceptación de las obras: pues ha sido publicado en varias editoriales y su circulación ha trascendido las fronteras patrias-, se bautizó como hombre de teatro y mantuvo una relación muy estrecha con la literatura en su intento de explicar –ya no de captar- la realidad. La fina línea divisoria entre literatura (es decir ficción) y sociología (es decir un permanente ensayo) va de la mano de la realidad cambiante, vertiginosa, a veces inasible de esta historia que se construye a golpe de forajidos, vándalos, aventureros, príncipes, marginales, políticos de caricatura, seres de carne y hueso que son retratados ficcionalmente o descritos científicamente en un esquizofrénico intento por asir la realidad, como pretendían aquellos escritores de la generación del 30, o evadirla como lo hicieron a su manera literaria y literalmente la generación que se decapitó, o aquella más actual que se retrató a sí misma en su tránsito del más completo optimismo hacia su desencanto. Se arguye que los sociólogos de antaño, así como los cronistas son a los antropólogos, son los narradores; de la misma manera los ficcionalistas de hoy parecen ser los sociólogos pues no se deja de ver su impronta tras todos los proyectos de desarrollo ante una realidad que se resiste a torcer su cuello de cisne.
Esa permanente construcción del discurso, de la trama, de los personajes y de la voz narrativa son la realidad o nada más una realidad soñada; es decir personajes que se sueñan sociólogos o sociólogos que se piensan personajes[1].
Benajmaín Carrión: autor del "Cuento de la Patria"
Una revisión a trancas y barrancas para llegar a lo que nos interesa; luego de la paulatina desaparición de escena de los escritores del realismo en todas sus vertientes y después de un largo silencio llegamos más o menos a la inauguración de la modernidad y su filón de oro el petróleo. Una época en la que se inaugura por decir lo menos el Ecuador actual, que sobrevivirá incluso a la debacle más grande y a la apropiación más descarada de la riqueza social por parte de la oligarquía voraz y no filantrópica.
El poeta y novelista decimonónico Juan León Mera
No sé si constan las novelas a ser comentadas en el ranking de las mejores[3] pero creo que son las más significativas para el tema que nos convoca, desde la década de los 70; Entre Marx y una mujer desnuda (1976) de Jorge Enrique Adoum; El desencuentro (1976; reeditada con cambios profundos en 1983) de Fernando Tinajero[4]; Teoría del desencanto 5 (1989) de Raúl Pérez Torres 6 y El devastado Jardín del Paraíso (1990) de Alejandro Moreano[5] y; en ese orden de aparición; dentro de un contexto más amplio que no pretende agotar el análisis de la narrativa del Ecuador sino poner en tela de duda, como hace la literatura y como pone en evidencia la sociología, la realidad tanto la ficcional como la realidad real ahora que podemos hablar de las múltiples realidades y universos paralelos si se quiere ser cuántico.
Fernando Tinajero o "El desencuentro" y eterno desencuentro
La aparición de los nuevos movimientos y sectores sociales en el escenario nacional ocurre a fines de la década de los 80 y a comienzos de la de los 90. De estos grupos de la “sociedad civil”[12], se destacan: el movimiento de mujeres con la incorporación de varios puntos reglamentados en la Ley para su participación política y su denodado esfuerzo por construir la equidad de género –que luego de institucionalizarse aquel movimiento desapareció de la escenario político para constituirse en una agrupación normativa-; el de los niños que logró el reconocimiento de su calidad de ciudadanos y la incorporación de su nuevo estatuto en la Constitución Política del Estado ya en 1998; el movimiento GLBT que logró la despenalización de la homosexualidad y que lucha en la actualidad por la eliminación de la discriminación y el auténtico ejercicio de sus derechos sin temor a las represalias; y, el más importante, el movimiento indígena, montubio y de afro-descendientes que ha logrado interpelar al Estado nacional de manera recurrente en su papel excluyente, discriminatorio e inequitativo logrando grandes avances tanto en la Constitución de 1998 como en la del 2008.
Los acontecimientos de enero del 2.000 y la subsecuente huida de Mahuad a su refugio académico en Harvard; constituyeron el resquebrajamiento de la imagen del poder en lo simbólico con la presencia inconsulta de otros signos y de otros presagios. Fue un anuncio de la necesidad de re interpretar la historia, tratar de leer aquellos arcanos de los que están construidos los clímax de todo movimiento; un indio en el Palacio de Gobierno desestructuró la lejanía del poder, la inaccesibilidad, la distancia; permitió consolidar, en el imaginario indígena y popular, que el ejercicio del gobierno sí era posible, confirmando toda aquella práctica y conocimiento adquiridos en los espacios del poder local hacia el "buen gobierno" y dejando, seriamente resentido, el referente real construido con violencia y exclusión por los sectores dominantes de lo que es: poder y gobernar.
Raúl Pérez Torres máximo exponente de la "Teoría del desencanto"
El ministro de Educación y hoy poeta místicoRaúl Vallejo; al fondo la Virgen Dolorosa
J.E. Adoum "superstar"
19. Al respecto véanse las visiones de Jorge Enrique Adoum: Ecuador, señas particulares (“Creo que no tuvimos el comienzo que habríamos querido...no hubo aquí nada equivalente, aunque fuera de menores dimensiones, a lo que tuvieron mayas, aztecas, incas...); la de Miguel Donoso Pareja: Ecuador, identidad o esquizofrenia (...pienso que a estas alturas de nuestra existencia como país, tenemos que asumir el nombre que tiene, darle toda la dimensión que podamos y sumarla a la que, a pesar de todo, tenemos y nos permite sentirnos ecuatorianos).
20. Echeverría, Bolívar. Ceremonia festiva y drama escénico. Ponencia del autor en la mesa redonda "el arte y la vida cotidiana" efectuada en la UNAM el 27 de noviembre de 1992.económico de los centros de acumulación”. En los límites de la modernidad. En: Debates sobre Modernidad y postmodernidad. Nariz del Diablo. 1991
21. Concretar los esfuerzos por redescubrirnos y resignificarnos en el proceso de construcción de la Casa Común de los ecuatorianos. “Mostrar la visión cualitativa de la buena vida de la civilización occidental moderna, basada en la escisión sujeto / objeto y la visión amerindia basada en lo contrario: el continuo biosférico”, es clave para el nuevo diseño de políticas públicas que pueden sacarnos de situaciones tercer mundistas, hacia un estilo de vida convivial y equilibrado.
* Una versión completa de este ensayo en
http://labios-mayores.blogspot.com/

Pablo Yépez Maldonado, Ibarra 1958
Poeta y novelista. En los ochenta integró el taller de creación literaria Matapiojo. Ha coordinado varios talleres de creación y ensayo literario. Actualmente forma parte del colectivo literario K-Oz de Quito y del movimiento literario Demolición.
Bibliografía:
Poesía: Con las manos en los bolsillos, Editorial Matapiojo, 1990; Deseábulos -coautor- Editado por la Red Cultural Imaginar, Quito, 1993; Reconstrucción metálica -Primer Premio Trienal de Poesía, Cuenca, 1993- Búho Editores, Quito, 1995; Toca piano duende de la magia, Búho Editores, 1997, Agenda Pagana K-Oz editorial,2008.
Novela: La alcoba de los patojos, Segundo Premio, II Bienal de Novela Ecuatoriana, Quito, 1993-, K-Oz Editorial, Quito, 2001. Prepara dos novelas históricas sobre la década perdida en Ecuador: los 80s


http://es.wikipedia.org/wiki/El_reino_de_este_mundo


Excelentísimo Rafael Correa, Presidente del Ecuador
Es necesario entender, ética y moralmente, que la cimentación de la sociedad del conocimiento y la información, basada en la revolución tecnológica, ha ampliado los espacios del saber de forma inimaginable, donde empieza a ser indiscutible lo virtual (entendido no solo en el campo de la comunicación, sino como la vida y lo que la sostiene en unión inseparable, en el marco de la inmanencia, laboratorio de todo lo posible y sus diferencias, variedades y diversidades) y que asistimos a una profunda modificación de la visión global del mundo, entrando, por sobre todo, por las puertas de nuevos paradigmas civilizatorios, donde se reactualiza la voz de lo antepasado, ofreciendo nuevas condiciones para pasar de la confrontación a la integración, del conflicto a la cooperación.
Así, la voluntad de asumir dialógicamente el futuro constituye un reto y un desafío, un factor de vital importancia para la sobrevivencia de nuestra población; ello significa saber vivir sabiamente para mantener el equilibrio que requiere no solo la sociedad humana sino, bajo el nuevo-viejo paradigma holístico, el mantener relaciones de equilibrio con los otros seres que habitan el entorno para permitir la sanidad ambiental, social, emocional y espiritual de los pueblos en su todo complejo, pues hasta ahora, la alteración y trasgresión de los códigos de relación entre el ser humano y los seres del universo, han provocado el estado de dolencia y morbilidad en que se encuentra el planeta.
Para los pueblos de América, la conquista, la colonización y la creación de las repúblicas, ha significado la pérdida violenta no solo de territorios, sino de conocimientos, prácticas, lenguas, patrones alimentarios, espiritualidades, códigos de ética y moral, de trato con los mayores (no solamente humanos), es decir la ruptura del diálogo intergeneracional (familia), la destrucción de las relaciones sociales (comunidad) y la imposición de formas ajenas y destructivas de vida.
Sin embargo, las intenciones de superar el desprestigio de lo tradicional occidental y revalorar lo autóctono, marcan sus propios límites en cuanto a conceptualización y aplicabilidad, en sociedades cada vez más integradas a un mundo globalizado. Así, el desafío que tenemos es múltiple, partiendo de la necesidad de que hace falta conceptos epistemológicos con una gran capacidad integradora que nos permitan obtener una base paradigmática para comprender las distintas y diversas realidades de la sociedad.
Bajo este gran paraguas se encuentran en juego la democracia formal, legitimada en las varias elecciones acaecidas durante los años 2006, 2008 y 2009, que dieron sendos triunfos al movimiento político de la revolución ciudadana y la construcción de una nueva que requiere redescubrimientos y resignificaciones para llegar a habitar decentemente la casa común de los ecuatorianos. Así pues, “Mostrar la visión cualitativa de la buena vida de la civilización occidental moderna, basada en la escisión sujeto / objeto y la visión amerindia basada en lo contrario: el continuo biosférico”, es clave para el nuevo diseño de políticas públicas que pueden sacarnos de situaciones tercer mundistas, hacia un estilo de vida convivial y equilibrado.
A pesar de que el término interculturalidad (4) es utilizado en todos los discursos contemporáneos, casi nada o muy poco se ha hecho para sistematizar los saberes y las ciencias de las nacionalidades y pueblos originarios, valorarlos, equipararlos y ponerlos al servicio de la sociedad y peor insertar tales conocimientos en programas y proyectos de desarrollo cultural o en los currículos de los procesos de educación básico, medio y superior; es más, se ha intentado ocultarlos inquisitoriamente para no develar otra verdad: la reconstrucción de una nueva manera de acercarse al saber desde los parámetros de respeto a la naturaleza y no de lucha contra ella.
Los conceptos, nociones y categorías científicas han sido creadas desde la modernidad occidental e impuestas como verdades absolutas, por obra y gracia de la colonización del pensamiento, que impone una forma de pensar egocéntrica; las ciencias, como las historias han sido localizadas, escritas y gravadas por los vencedores (5). No obstante, debe reconocerse que el Ecuador es un país afortunado que cuenta con catorce pueblos y trece nacionalidades indígenas, la población afro descendiente y “los mestizos”; todos ellos con sus propias potencialidades socio culturales y con una carga de ancestralidad legitimada en la práctica, cuyos conocimientos han sido protegidos a lo largo de más de quinientos años por personas especiales, descendientes de las culturas originarias y por una enorme gama de lenguajes iconográficos y orales que revelan el amplio saber que sobre su desarrollo tenían tales culturas; tan útil hoy, sobre todo en el mundo de hoy (6), como en el pasado; tratamiento que en términos ancestrales sería saber criar la vida o el establecimiento del yanantín o el munay, que es conciencia, cariño a la trama de la vida que no pudo descifrar Charles Darwin, cuyas leyes los ecólogos y demás científicos hoy intentan penetrar.
Y ha sido desde estos pueblos y nacionalidades, supuestamente vencidos por la colonización de todo tipo y especialmente de lo cognitivo, donde se genera la renovación del pensamiento latinoamericano sobre la base de contenidos en los distintos ámbitos del saber: antropología; ciencias del espacio y el territorio (arqueología; arquitectura; urbanismo y ordenamiento territorial); etno medicina; medicinas alternativas y nutrición; geobiología, geofísica, ambientes y recursos biosféricos; arqueo astronomía, astronomía, cosmo biología y paisajes culturales; agro ecología, microbiología y patrimonios genéticos; etno socio lingüística, semiología, simbólica, lenguas y escrituras ancestrales; física, matemática y geometría; procesos iniciáticos; técnicas rituales; potencias y desafíos de la sabiduría ancestral. Sin embargo, la reserva de información almacenada en los pueblos y nacionalidades originarios se ve limitada por la falta de políticas socio-culturales y científicas que permitan valorar tales fuentes y comprendidos para ponerlas al servicio de la nación, de la humanidad y su desarrollo armónico.
Son contados los esfuerzos por sistematizar, dentro de los límites de la epistemología andina, los nuevos-viejos paradigmas civilizatorios desde nuevas-viejas fuentes para aportar al desarrollo integral de la sociedad. Centros de estudios como la editorial Abya-Yala, la Universidad Amawtay Wasi, las escuelas de Antropología, y a nivel estatal, la Dirección de Salud Intercultural del MSP, la Subsecretaría de Diálogo Intercultural del Ministerio de Educación, así como investigaciones individuales, por situar unos cuantos ejemplos, han logrado en algo poner en movimiento ciertas categorías del discernimiento ancestral, mediante publicaciones que no son de conocimiento público ni tienen mayores niveles de circulación. Pero más allá de ello, están los contenidos que tienen que ser debatidos, validados y difundidos de manera amplia, bajo regímenes académicos y de otras formas de circulación y transferencia de la información, legitimadas legal y metodológicamente por el Estado, es decir de todas las instituciones públicas (principalmente) y privadas relacionadas directa o indirectamente con estos temas, respetando arquetipos, paradigmas y fuentes, sobre todo fuentes.
Cabe subrayar que las fronteras de tales contenidos aún son inimaginables para el pensamiento greco latina, llegando al extremo de lo perplejo y solo entendido en el propio campus ontológico mental único de los guías espirituales de los pueblos originarios, lo que puede ser entendido como un choque entre la manera reduccionista de ver las realidades que tiene la cultura eurocentrista con el otro tipo de inteligencia que manejan las colectividades andinas. Así, mientras la cultura occidental se maneja por el individuo, la cultura aborigen por lo comunitario; mientras uno por la dualidad contradictoria, el otro por la dualidad complementaria y la reciprocidad paritaria o binaria; uno por lo cuantitativo, otro por lo cualitativo; división e integración holística; materialismo y sinergias biocósmicas; depredadación y conservación, etc. Si en la lógica occidental (positivista), el sujeto explica fragmentariamente la realidad, vista como objeto y la dota (construye) de sentido desde sus categorías científicas, el saber ancestral no conoce de bifurcaciones; pareciendo no haber puntos de encuentro entre estas formas de ver, sentir y “explicar” las realidades (7)
De lo anteriormente dicho, deriva aspectos fundamentales del denominado progreso de las sociedades. Así, por ejemplo, desde la perspectiva del desarrollo planteada por los organismos internacionales de crédito, que históricamente han sido los que han determinado las pautas de la gestión pública nacional, como el Fondo Monetario Internacional –FMI-, el Banco Interamericano de Desarrollo –BID-, el Banco Mundial –FM- y otros de los países bajos o de nivel andino, o de algunos que al parecer inyectan recursos con fines poco claros (8), la “calidad de vida” ha estado marcada por los cálculos econométricos y las estadísticas, como únicas formas de identificar la realidad de un pueblo a fin de cubrir sus necesidades (infraestructurales), sin considerar los factores cualitativos que son vitales desde y para los pueblos originarios, así como para la nación entera.
Hasta ahora, estos cálculos econométricos y las estadísticas, han sido la única forma de identificar y “superar la pobreza” sin recapacitar en torno a que el desplazamiento de los valores comunitarios, la desintegración de sus estructuras y la alienación del mundo espiritual han afectado al bienestar de las personas, más que la carencia de bienes físicos. Esta es una tarea que debe ser propuesta para consensuar en que la lucha contra ella, la pobreza, es más que mejorar la base económica y el acceso a los servicios públicos y constituye un factor que puede definir la verdadera importancia de la identidad cultural, la interculturalidad, el enraizamiento físico, mental y espiritual de las personas y sus comunidades, ya sean rurales o urbanas, ya de las pequeñas y grandes conglomerados o ciudades.
No se trata de ver un “occidente malo” versus lo “andino bueno”. Se trata de construir una mirada sobre nosotros mismos, de tal manera que podamos emprender este camino juntos, a partir de revalorar los recursos cognoscitivos con que cuenta el pueblo del Ecuador, sus sociedades y comunidades. Afortunadamente ciencias metodológicas modernas como la cuántica, generadas en observaciones de laboratorio, vienen a dar perspectivas de comportamientos acordes con las partes, lo cual de por sí ya constituyen salidas que pueden ser conjugadas para lo que deparará a las futuras generaciones.
No ponemos en tela de juicio, entonces, las grandes contribuciones que tienen los saberes y las ciencias ancestrales, sobre todo en estos momentos históricos que vive el Ecuador y América. Creemos que es de vital importancia para la sostenibilidad de la vida sobre el planeta el que se considere a estas como factores fundamentales para el logro de un todo social equilibrado, armónico y convivial.
Si hasta ahora ha estado funcionado un solo lado de la esfera cerebral mundial o de los gobiernos locales y sus localidades, así como de los individuos, es hora de que la otra, empiece a ser visibilizada y a operar para el bien común, pues como se ha dicho en algún foro: todos somos indios de alguna parte de la tierra.
Finalmente, no me cabe la menor duda de los demostrados aportes que los pueblos ancestrales han hecho y hacen en su cotidianidad al desarrollo del país, como no vacilamos en declarar que desde sus raíces se levanta un nuevo y trascendente amanecer, hasta ahora desconocido y peor practicado por el mundo en sus diferentes estamentos y por ello mismo la aseveración de que el futuro de la humanidad está en los Andes. Así lo han demostrado los ciclos históricos, así lo demuestran ciertos signos socio cósmicos, así se irán revelando querámoslo o no; y lo que nos corresponde, como seres humanos dotados del privilegio de la inteligencia, es ayudar a que este proceso se dé sin mayores riesgos de los que naturalmente se han de dar. E ahí pues, -si se toman en serio estas palabras-, la puesta en práctica de ciertos contenidos que deben ponerse sobre la mesa del debate cultural y científico nacional.
Kito, solsticio de diciembre/2009
NOTAS
(1) Me permitiré, a lo largo de este artículo y sus pies de página, insistir en el ámbito de la cultura por ser estrictamente de mi competencia y por cuyos procesos he luchado toda mi vida a nivel urbano y rural, pero fundamentalmente porque considero que no habrá una verdadera revolución ciudadana si no hay revolución cultural, cosa que desde el Ministerio de Cultura no se ha planteado hasta la fecha, tal es así que en el Plan Nacional de Desarrollo constan todas las revoluciones, excepto la cultural, a no ser porque al momento se haya tomado en cuenta mi reclamo (realizado durante la socialización del Plan) para que se incluya esta palabra-concepto en la parte de orientaciones del PND (ejes del cambio y orientaciones éticas).
(2) El vacío conceptual y los constantes cortocircuitos de tipo administrativo del Ministerio de cultura, bajo la dirección del Sr. Ramiro Noriega Fernández, han sido factores de un divorcio total de esta Cartera de Estado con los procesos de cambios que pretende la Revolución Ciudadana. Su particular “política” ha sido conducida por el criterio de que “la cultura se genera en la academia” (R. Noriega. Foro Nacional de Cultura. Facultad de Ciencias Sociales FLACSO – Ecuador. Marzo del 2008), llevándole seguramente, a autoconvencerse de que la cultura es un circo de piruetas arbitrarias o que esta es “las bellas artes, lo demás es antropología”, lo cual choca con el animismo de nuestras realidades y su todo complejo cultural que genera muchísimos y múltiples desafíos.
Ramiro Noriega: Ministro de Cultura del Ecuador
(3) La Ley de Cultura entregada a la Asamblea Nacional por el Ministerio de Cultura revela los vicios funcionalistas y deterministas del neoliberalismo del que venimos debatiendo y confrontando desde hace treinta años. Héctor Manosalvas decía en diario el Comercio, entre otras cosas irónicas, hilarantes, que el Ministro Noriega “confunde magnesia con gimnasia” (en cartas al Director, 29 de septiembre del 2009) y en esta misma líneas creo que confunde instituto con institucionalidad. Y es partir de este barullo -o tal vez dislexia- que ha generado, hasta la fecha, un mercado de ofertas de creación de institutos con perspectivas puramente academicistas. Así la cultura, o más bien dicho “las bellas artes”, serían engendradas por un parto virgen o por la cabeza omnipotente de sus gestores, estando lejos de la manera como nuestras culturas “explican” su propia existencia y dinamia (hablo en perspectiva también). En su desesperación por impulsar el Instituto del Cine y en uno sus arranques “intelectuales” ha dicho que “el audiovisual es un escenario ineluctable de la acción pública actual… Va a estar cada vez más presente en la vida de cada vez más personas. Es como la revolución de la imprenta. La civilización cambió a partir de ahí y hoy lo audiovisual está haciendo eso” (El Comercio 13 de octubre del 2009); solo que esto ya lo dijo la Unesco hace treinta años y los estudiantes de ese entonces ya lo analizamos cuando hablábamos de “la caja boba”.
(4) Al respecto, Yves Guillemont, nos dice que “la Interculturalidad es un concepto en el cual la cultura indígena tiene que adaptarse a la dominación cultural, económica y en general, hegemónica de la modernidad o globalización” y sostiene que la lógica “cataclísmica del antropo-etno-ego-centrismo… la fatalidad de la ontología occidental, es lo que la modernidad quiere que sintamos” y sin embargo esto no podrá suceder debido a que “otra lógica ha vencido a la muerte, vive, resiste y se reproduce como práctica y conocimiento”; es decir hay esperanza (prólogo al libro “Qhapaq Ñan: la ruta Inka de la Sabiduría” de Javier Lajo. Centro de Estudios Nueva Economía y Sociedad –CENES. Lima – Perú. 2005).
Pero Javier Medina va mucho más lejos: “lo que se trasiega bajo este nombre es un gran simulacro y una gran estafa intelectual. Tenemos que tener la lucidez de reconocer que, por razones lógicas que luego se concierten en sicológicas, éticas, políticas, teológicas, militares, etc. nos es imposible aceptar al otro en su alteridad ‘concreta’ por la vigencia, en nuestro ‘disco duro’ de los principios lógicos de la tradición occidental” Citado en el mencionado libro, pág. 175.
(5) Se me ocurre pensar que, por ejemplo, para definir ciertas categorías que derivan de palabra claves, se recurre a la etimología griega. Así (otro ejemplo), la cadena trófica, que es el paso de la energía de unas especies a otras, es delimitada desde cierta gnoseología que ha generado las ciencias helenas. ¿Que pasaría si en vez del griego se define dicha cadena (y todo el saber científico) desde nuestra epistemología ancestral, desde la “etimología” del Zápara, del Awapit, del Tsafiki o cualquiera de nuestros lenguas ancestrales?
El filósofo y activista indígena peruano Javier Lajo
(6) El problema del calentamiento global, según Javier Lajo, no se debe tanto a la contaminación industrial (factor importantísimo de los graves cambios climáticos), sino a la lenta variación que se esta produciendo de la inclinación del eje de rotación de la tierra, ubicado actualmente en 23,27º con respecto al plano de la órbita que describe alrededor del sol y de la cual depende la regularidad de los climas, la distribución inteligente de la luz, el calor sobre la tierra y la vida misma. Apunta que este eje no es fijo, es más, es inestable: un equilibrio muy delicado que se produce por el efecto trompo del eje (que para los andinos es el elemento principal del equilibrio del mundo, el verdadero Sumak Kawsay) el cual termina su rotación cada 26.000 años completando el año platónico ¡si es que lo completa! dice. Ahora, por esta inestabilidad, el eje tiende a inclinarse más y más, hasta que se produce los fenómenos que nuestros pueblos llaman los Pachacutik, que significa que “la tierra se da vuelta”, provocándose cataclismos sobre los cuales el ser humano no tiene control alguno (Libro citado y diálogos mantenidos).
Francisco Salazar: Viceministro de Cultura
8) La Agencia de los Estados Unidos de Norteamérica para el Desarrollo Nacional –USAID- por ejemplo, de la que parece no desprenderse a lo menos ideológicamente, escolásticamente, el grupo Ruptura 25, al que pertenece el actual Viceministro Francisco Salazar, quien en sus elucubraciones matemático-“culturales” (es ingeniero mecánico) nos ha propuesto, de la manera más lineal y desvergonzada, la(s) siguiente(s) fórmula(s) para definir, conceptual y prácticamente, los procesos en este módulo de gobierno, en cuanto sistema: a) “memoria + creación + comunicación = cultura”; b) “cultura + diálogo = interculturalidad”; c) “interculturalidad + ejercicio de los derechos culturales y sociales = ciudadanía”; d) “ciudadanía + gestión pública = sistema nacional de cultura” (presentación en power point, elaborada aproximadamente en abril del 2009). Y a esto y otros artificios de una tecnocracia de bar y escritorio, le llamaron “principios del sistema nacional de cultura” y “proyecto político” y a esto le rotularon “construyendo soberanía cultural desde la ciudadanía”.
NOTICIAS DEL AUTOR

(*) Alfredo Pérez Bermúdez.- Poeta, escritor, investigador de los saberes ancestrales, comunicador social y miembro del colectivo K-Oz, integrante del movimiento literario Demolición; es uno de los principales gestores de la estructuración del Ministerio de Cultura del Ecuador a inicios del año 2007, del cual fue Director de Gestión Local y Desarrollo Cultural Comunitario hasta junio del 2009 y desde cuya instancia organizó el Plan estratégico del área, en cuyo marco estructuró los proyectos “Diálogo de saberes y ciencias ancestrales”. Ha ejercido la docencia universitaria en las universidades Internacional del Ecuador y Central del Ecuador. En el plano literario cultural ha publicado cinco libros entre ellos un ensayo sobre los talleres literarios de los 80s en Quito: La posibilidad de soñar por escrito, y ha recibido varios reconocimientos literarios a nivel nacional.
Nota de los editores
EN 2010
LEE LOS ENSAYOS DEMOLICIÓN
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María Fernanda Espinosa
Margarita Laso
Mario Campaña
Vicente Robalino
Efrain Espinoza
Iván Flores
Ruben Molina
Paco Benavides
Varios textos ilustran la recurrencia de este eje temático, particularmente los de aquellos que podríamos catalogar como nómadas declarados (Efraín Espinosa, Paco Benavides, Marcelo Arteaga), para diferenciarlos de los viajeros sin más, pero que quieren dejar una huella de su tránsito por el extranjero (Margarita Lasso). El poema Zürichbanhof, de Arteaga, tiene las mismas resonancias de los textos de Benavides y de Freddy Espinosa, cuando se focalizan en el desencuentro insufrible del hombre con el espacio ajeno, provisoriamente adoptado, y en el que ningún arraigo es posible. El Yo escindido patalea y toma resoluciones., así, Arteaga, visiblemente más apegado a la “llacta”, marcará la diferencia avizorando un inevitable retorno a la patria original, por puro instinto de defensa, pues - según parece- nada hay peor que morirse en tierra ajena. La elección del terruño como espacio primordial, del que Artega tuvo que extirparse también en defensa propia, aporta una nueva dimensión a las diferentes aristas de la noción de Patria, a la vez que afirma el mito del retorno y la idea de desencuentro del hombre con el mundo.
En el caso de Benavides –fallecido en Ginebra-, el nomadismo forzado no adopta tonalidades de lamento o de queja, al contrario, la desterritorialización es asumida con arrogancia y carece de alusiones criticas al espacio castrador e imposible - visibles en los textos de Efraín Espinosa-; el desbarajuste social, la conciliación negada con el nuevo marco urbano cuyos referentes y códigos ignora y por los cuales va a tientas, terminará volviéndose monólogo con una cerveza que sirve de trinchera, chaleco antibalas y ruta propicia al vuelo de la ebriedad, gracias a la cual, así como a la memoria y a la lengua, el poeta resultará momentáneamente ileso. En franco contraste, el poema narrativo Ronda nocturna rememora estampas de la vida del pueblo originario y recrea la violencia habitual, el contencioso de las clases sociales y la sorna del poeta que desde el exilio hace suyos los violentos y dignísimos versos de El Fakir, "quiebra maqui de guagua"(...) : no vaya a ser cosa que atine a columpiarse/ en ese país "irreal limitado por sí mismo", El violento y atroz gesto del padre, que rompe y desgonza al hijo recién nacido, lo dignifica en la medida en que de esa manera rompe el círculo de complicidad de la víctima con el verdugo, rehusándose a hipotecarlo a la historia y a exponerlo a las contorsiones insufribles en un circo encunetado en la colonia.
Marcelo Arteaga
Cerramos esta lectura, ciertamente incompleta y subjetiva, confirmando que con la poesía no hay ambigüedades ni medias tintas. Es una zona de paso firme o un terreno cenagoso. Cuando leemos a un poeta, no hay duda posible: nos rasca las sienes con sus uñas de humo, de guadaña o de pavo real; si nos “rasca bonito”, después del parietal izquierdo le ofrecemos el derecho, de manera incondicional. Se ha ganado nuestra confianza.
Puesto al margen el 99 % de la población, ocupada en menesteres más pragmáticos, como por ejemplo cambiar de 4x4 (en unos casos), o ver cómo hacer para pagar el arriendo al fin de mes, ¿quién puede oponer resistencia a la poesía? Nadie. Ni siquiera yo. Razón suficiente para haber aceptado leer y comentar estos textos, sabiendo de antemano que la lectura puede convertirse en tránsito obligado por una zona minada, porque confluye, se quiera o no, en una cita escabrosa con uno mismo.
Ramiro Oviedo*
Boulogne-Sur-Mer, Francia, fin de 2009
10 60 90
10 poetas de los 90s
nacidos en los 60s
un proyecto de K-Oz Editorial
Espéralo en 2010

Por Freddy Ayala Plazarte*

Muchos de nosotros, hemos asistido a encuentros y recitales nacionales de poesía, y podemos argumentar que no son convocatorias impasibles, el interés existe y de uno u otro autor, quizá lo que falta, aunque no podemos generalizar, es la asistencia del público que posiblemente sea por falta de interés o la carencia de difusión y promoción. Otra manera de interaccionar se da en los blogs literarios donde se brinda una amplia información de autores nacionales e internacionales, además de notas de cine, teatro, pintura, música, crítica, etc.
Tener una red de blogs, organizar encuentros nacionales de poesía, publicar libros de forma individual o colectiva, son factores que ayudan a que la poesía “se sostenga”. Esto último nos induce a pensar que son herramientas para desbloquear el anonimato de autores jóvenes, como también conocer las propuestas y proyectos de autores nacionales e internacionales en general, a través de una voluminosa rede de circulación de nuevas informaciones.
En este contexto se inscribe la obra de cada autor, la percepción de la realidad en cada uno es distinta, “plurívoca”, por ende no debemos descartar las nuevas manifestaciones artísticas que la modernidad nos trajo: el folclorismo que revaloriza de una manera mercantil las “culturas originarias”, el “neoindigenismo” que, entendemos que en nuestra cultura se ha dado en la fusión entre lo urbano-cotidiano; entre lo antiguo-moderno; en fin, entre lo mediático-popular, barroco-andino, todo aquello con el fin de encontrar y dar nuevos sentidos a los fenómenos acaecidos en la "realidad".
Pero esta nueva red de informaciones ha permitido transmitir, retomar o revalorizar temas tan antiguos y trascendentales como: el amor, el mito, la religiosidad, lo ancestral, la muerte, tópicos que en cada época retornan para dar un nuevo significado al tiempo “postmoderno”. Recordemos como el Renacimiento italiano consiguió transmitir un concepto de humanización, de culto a las cualidades del alma mediante las matemáticas, la anatomía, la pintura o la misma poesía.
Así, la poesía es un espacio textual que recoge los escenarios olvidados de la cotidianidad, el pensar, el penetrar las cualidades psíquicas del Ser llevan a conformar no una cultura costumbrista o de prácticas anteriores vinculadas a las sociedades rurales, pero ahora más “urbanas”, es decir, empíricas, llegando ahora a configurar una cultura de lo veloz y persistente, concentrada en lo que sucede; en una esquina, callejón, bar, habitación, calle; es decir a interiorizar el mundo externo, por mas insignificante que parezca tal o cual acontecimiento.
Sin embargo del aparente caos de lo colectivo, los jóvenes escritores elaboran un discurso desde su particular visión y percepción de la realidad social y desde su misma realidad interna, que puede determinar una expresividad poética diversa en tonos sean estos: irónicos, breves, versátiles, sutiles, corrosivos, etc.
Otro factor que ponemos atención para la comprensión de la literatura joven actual es la iconografía que se toma en cuenta para desarrollar la temática de la poesía. Hablamos anteriormente de un desarraigo por la religiosidad, actualmente se toma en cuenta la iconografía urbana, nos referimos al escenario principal de manifestación poética; la ciudad, al desarrollo y avance tanto en su infraestructura, como en la conciencia de cada habitante. La ciudad es el lugar en donde se concentran bares, museos, bibliotecas, cine, el graffiti, extensas avenidas, sitios en los cuales se gesta lo denominado a priori de la escritura.
A pesar de vivir en un tiempo donde parece existir “lo necesario para vivir bien”, mas bien nos acercamos cada vez al vacío de vivir y al vacío de la imagen también, donde la inspirada imaginación de la que muchos griegos discutieron, parece cada vez inalcanzable, pues no sabemos en donde concentrar la mirada y disparamos hacia muchos rincones, en donde la realidad parece haberse dislocado.
El mundo es mi representación, vaticinaba Shopenhauer ya en el siglo XIX, esta premisa es quizá la más cercana al mundo actual, si la tecnología deshumaniza al hombre y lo vuelve más automático, paradójicamente, uniendo la labor de la palabra a lo cotidiano, obtenemos un mundo imposible, intolerante, que busca deshumanizar desde los distintos estados íntimos del ser.
Si la contemporaneidad está sujeta una diversidad en las tendencias sociales, artísticas, individuales, entonces hablamos de una sociedad y literatura interdependientes, aunque el individualismo sobresale en unos u otros autores, y parecería que cada quien vigila su sombra subjetiva; mas también asistimos a un tiempo en el cual se yuxtapone de manera anárquica lo moderno y lo antiguo, lo cual nos otorga un contexto amplio y complejo para poder entender –en nuestro caso – las determinaciones de una novísima poesía.
Por lo tanto, hablamos de una iconografía libre, sin tabúes, de culto al placer, al deseo y al cuerpo, donde también prolifera la noción de identidad subjetiva de sexo o construcción de género; pero tampoco descartamos que hoy en día se discuta sobre los mitos y se proponga una toma de conciencia por nuestras tradiciones e identidades; si somos una sociedad construida gracias a los mitos, imaginarios y a las creencias colectivas, la antropología general y urbana también nos podría ayudar a la comprensión de las poéticas ecuatorianas contemporáneas.
*Este texto constituye una sinopsis del primer capítulo de
Premonición a las Puertas, Selección poética de la novísima poesía ecuatoriana, de Freddy Ayala Plazarte
En 2010
espera
Imagen Pedro Herrera Ordóñez


Mural cuevas de Altamira España
Pintura de Francisco GoyaOFENSIVA ANTITAURINA 2009
EN KITWA MILENARIO
VA ¡
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